El jardín de las celicias

El jardín de las celicias
Con todas estas recetas intento que la infancia de mis hijas, especialmente la de Almudena, sea un poquito más feliz.

jueves, 27 de febrero de 2020

"APFELKÜCHERL" O BUÑUELOS DE MANZANA ALEMANES


¡Lo que nos gusta la repostería europea!

De las maravillas que hacen en Alemania con las manzanas todos tenemos constancia. Pero la simpleza de esta receta la hace especial. Durante nuestras vacaciones el verano pasado vimos en varios sitios este postre típico, pero sabiendo que nuestra pequeña celíaca no lo podría probar, decidimos no hacerlo ninguno.
El otro día descubrí esta receta en el libro "Souvenir: pasteles, viajes y recuerdos", de Isabel Pérez Sardinia. Me parece un libro increíble. Es una mezcla de dulces deliciosos acompañados de preciosas fotografías de la ciudad a la que se debe cada uno de ellos. Un libro realmente precioso que no debería faltar en la biblioteca de todo repostero que se precie, de todo el que admira el trabajo bien hecho.
En menos de 15 minutos tenemos esta receta que yo he preparado esta tarde para merendar, demostrando una vez más que los celíacos pueden disfrutar de los mismos manjares que el resto de las personas. Y la enorme satisfacción que produce el poder hacerlo en casa. Una receta de otoño que no puede faltar en tu recetario. 

INGREDIENTES (para 4 personas):

- 2 manzanas
- 2 huevos medianos
- 80g de harina de arroz
- 40g de almidón de maíz
- 70g de leche entera
- 8g de levadura química

Aceite para freír, del que prefieras
Azúcar blanquilla para rebozar

ELABORACIÓN:  

En esta receta se utilizan las manzanas sin pelar. Lavamos las manzanas muy bien bajo el grifo, y las descorazonamos. Para esta tarea se necesita, sí o sí, un descorazonador de manzanas. Si no lo tienes, corta las manzanas por la mitad y quítales el corazón con un cuchillo. Los buñuelos quedarán con forma de media luna.





A continuación las cortamos en rodajas. Si queremos que queden tiernos los buñuelos, que sean rodajas finas. Si por el contrario preferimos que la manzana se note "al dente", las haremos un poco más gruesas. En mi caso preferí hacerlas finitas, tal y como especifica Isabel en el libro, pero también hice alguna más gordita para ver la diferencia.



Preparamos la masa batiendo todos los ingredientes, yo lo he hecho con una túrmix, porque de esa manera sabía que no quedarían grumos. Os recomiendo hacerlo así, o bien con unas varillas removiendo bien.

Ponemos aceite a calentar, cuando esté caliente pero sin humear vamos sumergiendo las rodajas en la masa y echándolas a la sartén.





Les damos la vuelta cuando vemos que se han dorado, apenas tarda unos minutos.




Tras cada tanda debemos quitar con la espumadera esas gotas de masa que caen en el aceite al echar las rodajas en él, o comenzará a salir mucho humo.

Sacamos los buñuelos y los escurrimos sobre papel absorbente.


 Por último, los rebozamos en azúcar. Aunque la autora especifica en su libro que la canela no es necesaria, yo utilicé la mezcla sobrante de rebozar las Orejas de Carnaval, que sí la llevaba. Igualmente están buenísimos.



Esta foto está hecha de una de las rodajas más gruesa.
Una mezcla de sabores y texturas realmente deliciosa. ¡No dejéis de hacerla!



 


OREJAS DE CARNAVAL




¡Carnaval, Carnaval...!

Y con él, la repostería tradicional española de estas fiestas, ¡con una oferta muy, muy amplia!
Ya os ponía en una entrada la receta de las flores de carnaval o flores manchegas, ¡que salen deliciosas!
Pues hoy quiero que probéis estas "orejas", un dulce típico de varias regiones de España, entre ellas Galicia, Asturias, Castilla la Mancha... De ésta última es la receta, pues la abuela de Tatiana, del blog ahorasingluten, es la que solía hacer. Quiso compartirla generosamente conmigo y eso es algo que le agradezco infinito. Similares a los famosos pestiños andaluces o extremeños, pero con ligeros matices.
La receta requiere cierta previsión, pues la masa debe reposar al menos 2 horas.
La única complicación es estirar la masa sin que se nos pegue al rodillo o a la superficie de trabajo, algo que se consigue espolvoreando con harina, pero ya veremos que no hay que abusar.

INGREDIENTES: (para unas 30-40 orejas, dependiendo del tamaño)

- 2 huevos
La medida de los huevos cascados dentro de un vaso será la que marque la cantidad del resto de ingredientes.
- La misma medida de agua
- La misma medida de vino blanco, aguardiente o anís
- La misma medida de aceite de oliva
- La misma cantidad de gaseosa
- Un par de cucharadas de azúcar
- Una pizca de sal
- Una cáscara de limón o de naranja
- 450g de harina de arroz
- 150g de almidón de maíz
- 1 punta de cuchillo de goma Xantana
- 1 cucharada de Psyllium

Aceite para freír, el de vuestra preferencia

Azúcar y canela para el rebozado final


ELABORACIÓN:  

Como os decía más arriba, la medida de los huevos en un vaso será la medida que utilicemos para el resto de ingredientes. Yo hice el doble de receta porque quería que me saliesen para regalar a la familia. Aún así, me sobró y la tengo en el congelador. Cunde muchísimo.


Ponemos el aceite a calentar junto con la cáscara del cítrico elegido, para que se aromatice. No debe calentarse en exceso, y mucho menos humear. Reservamos.
Mezclamos las harinas junto con el Psyllium y la Xantana. Tatiana me dijo que ella usó un mix para hacerlas, de ahí que yo optase por poner estos dos mejorantes. Quizá hubiesen quedado igual de bien sin ellos, pero a sabiendas de que tenía que manipular mucho la masa, decidí ponérselos. Reservamos la mezcla.
Ponemos en un bol los huevos y a continuación todos los ingredientes líquidos, medidos con el vaso a razón de lo que ocupaban en él los huevos.
La gaseosa se pone en último lugar, y ya veréis cómo comienza a formarse una espuma y hace un ruidito muy peculiar...




Quise hacer la elaboración completa a mano, como hacían las abuelas (utilicé solo un batidor danés, "Dough Whisk"), pero podéis utilizar si queréis un robot de cocina.
Añadimos la mezcla de harina y mejorantes pero no de una vez, sino poco a poco, removiendo bien, sabiendo que quizá no necesitemos toda. Es una de estas recetas de abuela, "lo que pida de harina", pero aún así he querido poner una cantidad orientativa.
Cuando ya no podamos remover con el batidor, utilizaremos las manos para amasar. Seguiremos añadiendo harina hasta que la mezcla no se nos pegue a las manos. En ese punto, estará lista. Si nos sobra harina, podemos utilizarla para cualquier receta repostera: bizcocho, magdalenas, galletas... Si nos falta, añadiremos harina de arroz hasta conseguir la consistencia deseada.



Tapamos entonces con film transparente y dejaremos reposar un mínimo de 2 horas. Es importante tapar bien la masa o se resecará.

Transcurrido el tiempo de reposo, comenzamos a estirar las orejas. Cogemos trocitos pequeños de masa y alisamos con un rodillo o una botella de vidrio. Será necesario espolvorear la superficie de trabajo y el rodillo con un poco de harina. Si nos pasamos, la harina sobrante se quedará en el aceite y se quemará, así que es mejor ir echando poco a poco según vayamos necesitando, y sacudir bien las orejas antes de echarlas al aceite.
Las orejas deben quedar finíiisimas, todo lo finas que seamos capaces, pues ahí reside el éxito de la receta. No pude sacar ninguna foto porque estaba sola haciéndolas y tenía las manos muy sucias, pero mi hija que entró en la cocina me pudo hacer una para que veáis cómo debería ser la masa de fina.


Ya os digo que cuanto más finas, más crujientes, más se hincharán y más ricas. Unas orejas demasiado gruesas no saben bien. Después de hacerlas he sabido que si se aplastan un poquito con la yema de los dedos en algunos puntos, luego salen las burbujitas tan vistosas que vemos en algunas fotos. Es lo que pone Tati en su blog.

Debéis saber que se frien en unos pocos segundos, con lo que no se puede hacer y freír a la vez, pues el aceite se puede quemar si pasa mucho tiempo al fuego sin nada en su interior. Lo ideal es estirar una cantidad grande de orejas y freírlas y luego estirar el resto y hacer lo mismo.
Echamos una oreja sobre el aceite, que debe estar bien caliente pero sin humear. Cuando veamos que los bordes se doran (apenas tarda unos segundos), le damos la vuelta. Se deben freír de una en una.






Creo que no se aprecia muy bien en las fotos el tema del color. Lo que sí quiero que veáis es que se necesita gran cantidad de aceite, por ello es conveniente freírlas en un cazo o cacerola, un utensilio con fondo. Y siempre de una en una, para que no se enfríe el aceite. Parece que la costumbre es darles la vuelta con una aguja de hacer punto, yo se la dí con un tenedor, y las sacaba del aceite con una espumadera. Lo cierto es que hay que manejarlas con cuidado, son muy frágiles.

Sacamos del fuego y dejamos escurrir sobre un papel absorbente.

Como véis, la forma de mis orejas es algo anárquica. En realidad, era la primera vez que las hacía (emoji con la gota en la frente). ¡Pero el sabor es lo importante! Fueron muy agradecidas y se comieron enseguida, así que quedé contenta.

Para terminar, rebozamos en azúcar o en una mezcla de azúcar y canela, mucho mejor en caliente, pues se pegará mucho mejor. ¡Para esto ya llegaron mis niñas, les encanta!



Al comerlas, comprobamos que están huecas por dentro. Eso es sinónimo de que la masa estaba bien hecha, y de que se han frito bien.


Una receta tradicional, un sabor a puro Carnaval. Una reminiscencia de los recuerdos de cuando éramos niños... ¡Os animo a probarla!


(Aquí junto a las marionetas de papel que hicieron mis niñas en un taller de nuestra comunidad).

¡Nos vemos en la próxima!



jueves, 20 de febrero de 2020

LEBKUCHEN TRADICIONAL






Las pasadas Navidades, quise probar una receta tradicional alemana, de esas que pasan de generación en generación. La descubrí en el libro de Jeffrey Hamelman "El pan", y me enamoró desde que la vi.
Había que comenzar su preparación entre 2 y 4 meses antes del horneado, y esto me fascinó. No era capaz de imaginarme cómo de potente sería aquel sabor, tan especiado, tan navideño, tan europeo... Y a pesar de estar elaborado con centeno, una harina con gluten, pensé que si la sustituía por otra quedaría igual de rico. Me decanté por la avena y  el resultado no me defraudó en absoluto.

Os pongo el texto en el que Jeffrey cuenta cómo aprendió él a hacer este pan de especias. A mí me encandiló.

A día de hoy, Lebkuchen es el nombre que se le da a las galletas de jengibre que se venden en Navidad en Alemania y Austria, y que con tanto mimo decoran. Pero en esta receta el jengibre ni siquiera está presente.

En el mes de noviembre me  dispuse a llevar a cabo mi empeño y preparé la base de esta receta con la ilusión de poder saborearla a primeros de enero.
Las circunstancias no me permitieron hornearlo en la fecha prevista, demasiados planes navideños en familia (¡ideal!). Así que mi masa continuó reposando en su lugar fresco y oscuro, esperando la oportunidad de ser degustada.
A primeros de febrero, llegó el momento. 
Algunos la han llamado "la receta de la paciencia". Yo prefiero llamarla "la receta de la ilusión", porque así es como me sentí yo mientras el tiempo transcurría, realmente ilusionada. 
El horneado no termina todavía con este pan: tras él, debe transcurrir al menos una semana más antes de ser degustado, para que se asienten todos los sabores y el pan tome cuerpo. 

A día de hoy, os digo que repetiré seguro. Ha sido como volver a la Navidad en febrero. La intensidad no se puede describir. Especias, pasas, naranja glaseada... Creo que todo el mundo debería probarlo al menos una vez en la vida.

INGREDIENTES (para 1 lebkuchen como el de la foto):

- 250g de harina de avena
- 250g de miel de buena calidad 
- 30g de yemas
- 3g de carbonato amónico o levadura química, disuelta en leche
- 1g de potasa o bicarbonato sódico, disuelto en leche
- Ralladura de 1/2 limón
- 2g de sal
- 15g de piel de naranja escarchada picada
- 15g de pasas de Corinto
- 12g de canela molida
- 4g de cilantro molido
- 4g de semillas de anís, molidas o enteras
- Una pizca de nuez moscada molida
- Una pizca de pimienta negra molida


ELABORACIÓN:

Debemos comenzar a elaborar la receta entre 2 y 4 meses antes del horneado final, así que debemos calcular los tiempos. Como veis más arriba, antiguamente se hacía la masa en septiembre.
Calentamos la miel hasta que casi hierva. La dejamos enfriar de 10 a 15 minutos y entonces añadimos la harina de avena. Lo mezclamos bien y lo tapamos herméticamente con film. Colocamos en un lugar fresco y oscuro. Yo la puse en un armario del tendedero de mi casa.



El día que decidimos hornear la masa, debemos preparar lo primero la mezcla de especias. En mi caso, molí también las semillas de anís para que el sabor estuviese más difuminado, sobre todo porque iban a consumirla las niñas y entiendo que no les iba a resulta agradable el sabor de una semilla entera en la boca.
Mezclamos las especias con la sal, la ralladura de limón y las yemas. Puede ser preciso añadir un poquito de leche para que no queden grumos, eso me ocurrió a mí. Añadí como una cucharada y la mezcla quedó mucho mejor. Como dice Hamelman, la masa debe ser densa pero fina.
Por otro lado, mezclamos la naranja escarchada con las pasas de Corinto.
La mezcla de miel será un bloque. Debemos deshacerlo en trozos del tamaño de un huevo. Cada persona decidirá cómo hacerlo, según las herramientas, robots,etc... que tenga en casa. Yo utilicé la Monsieur Cuisine. Ponemos los trozos en el fondo de la cubeta de la amasadora, sea la que sea.
Vertemos sobre la piel la mezcla de yemas y especias. Debes empezar a amasar despacio, o tu amasadora sufrirá mucho. Yo elegí el robot porque sus cuchillas son muy potentes y sabía que resistiría bien.
Hay que ir rascando los trozos de masa que se van pegando a las paredes del bol y a las cuchillas si fuese necesario. Ambas mezclas deben integrarse perfectamente.
Añadimos la levadura química disuelta en una cucharada de leche, más o menos.
Volvemos a mezclar todo, rascando los restos de masa de las paredes del bol e incorporándolos a la masa.
Añadimos entonces el bicarbonato sódico, disuelto también en una cucharada de leche.
Mezclamos la masa lo necesario, añadiendo pequeñas cantidades de leche hasta que obtengamos una mezcla dura, pero no seca.




Cuando nos guste la consistencia de la masa, añadimos la piel de naranja picada y las pasas.
Amasamos hasta que estén incorporadas de manera homogénea , rascando los restos de masas de las paredes y cubeta si fuese necesario.

Una vez lista la masa, es la hora de ponerla en el molde. Yo utilicé uno de pan de molde, bien forrado con papel de horno para que no se pegase. Es imprescindible ponerlo al menos en la base, en las paredes puede bastar con untar mantequilla y enharinar bien.
Echamos la masa en el molde y apretamos bien hasta que esté repartida de manera homogénea.




Podemos decorar con almendras crudas peladas. Yo lo hice con 6 almendras, tal cual lo vi en la foto de su libro.


¡Y al horno! Precalentamos a 200ºC. Horneamos a 185ºC los primeros 15 minutos. Bajamos la temperatura a 175ºC y los cocemos otros 20 minutos, o más si fuese necesario. Si no se cuecen bien, se hundirá por el centro. Sabremos que está bien cocido si al apretar por los laterales se aprecia que está firme.

Sacamos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla.




Se apreciará que el acabado superficial es mate. Para conseguir brillo, podemos preparar un glaseado muy sencillo. Disolvemos 15g de almidón de maíz en un poco de agua fría. Calentamos 500g de agua y cuando hierva, añadimos la mezcla de almidón.



Debemos pincelar el glaseado caliente sobre el Lebkuchen caliente. El cambio se nota enseguida.



Cuando esté frío, envolvemos el Lebkuchen en film plástico y luego en papel de aluminio. Losguardamos en el mismo lugar donde teníamos la masa, un sitio fresco y oscuro. Lo ideal es guardarlos al menos una semana antes de cortarlo. ¡El olor es tan irresistible, que no sé cómo pude aguantar sin probarlo en ese mismo momento!

Dice Hamelman que si está envuelto, se conservará bien durante varias semanas, habla incluso de varios meses. No lo sé, no pude aguantar más de lo estrictamente necesario para probarlo.



Aquí os dejo el corte del Lebkuchen... Una pena que las fotos no puedan almacenar olores, aromas...



¡Poned a prueba vuestra paciencia! Es un bocado que no todo el mundo tiene el privilegio de probar... ¡pero haciéndolo en casa está al alcance de todos!



sábado, 7 de diciembre de 2019

BRIOCHE DE MASCARPONE


En el grupo de Facebook de Claudia & Julia, una tienda de artículos de cocina que sigo desde hace varios años (y que recomiendo sin dudarlo), se hizo muy popular esta receta. Me atrevería a decir que decenas de personas la han probado con éxito. Pero, ¿qué pasaría si la desglutinizáramos? Asumí el riesgo y me dispuse a hacerlo. La receta original es de Beatriz, de "To Be Gourmet".

Compré este horno en la "semana de la repostería" de la tienda, pero llegó hecho añicos. ¡Qué dolor de corazón verlo así!


Después de varias peripecias y disgustos para la tienda (y para mí, porque era una ofertaza), me devolvieron el dinero sin ningún problema, la verdad es que se portaron genial ante todas las adversidades. Hace unos días mi marido se presentó con el molde bajo el brazo, sin más explicaciones. ¡Y enseguida quise estrenarlo!
Tengo en este blog una receta de brioche en panificadora que queda delicioso, y que repito mucho en casa. 
Pero éste de queso mascarpone era una receta muy diferente. Aún así, me atreví a probarlo y el resultado es absolutamente espectacular.

 INGREDIENTES:

- 500 g mix Farmo comercial o casero*
- 220 g de leche
- 80 g azúcar
- 8 g levadura seca masas dulces
- 250 g queso mascarpone
- 2 huevos y uno más para pintar al final
- una pizca de sal


* El mix Farmo Fibre para pan y pizza, vendido en Lidl (bolsa naranja), fue conseguido por Marisa Famalap, de "Cocina fácil sin gluten". Gracias a sus cálculos pudo crear la mezcla de ingredientes para conseguirlo en casa. Ahora forma parte del surtido de este supermercado, pero pudimos disfrutarlo en casa aún cuando en Lidl se terminaron las existencias y no repusieron durante meses. Os dejo los ingredientes por si queréis hacerlo en casa. Yo solo uso el casero.
Para 100g de mix:
- 50g de almidón de trigo sin gluten
- 35g de almidón de maíz 
- 6g de leche desnatada en polvo
- 1g de azúcar
- 2g de Psyllium
- 2g de inulina
- 1g de HPMC
- 1g de goma guar
- 2g de levadura química


 ELABORACIÓN:  

Mezclamos la levadura y la leche, hasta que haga espuma.
Batimos el queso con el azúcar, la sal y el huevo. Añadimos mezcla de leche y levadura. A continuación,  vamos añadiendo la harina poco a poco, poniendo en el robot el gancho de amasar. Habrá que amasar durante 10-15 minutos, hasta que la masa quede lisa y suave. Es fácil ver cuándo está lista (lo siento, no me di cuenta de hacerle foto esta vez).
Dejamos reposar la masa cubierta con un paño húmedo, en el lugar más cálido de la casa, alejado de las corrientes de aire. Esperamos hasta que doble su volumen. Os pongo a modo orientativo que tarda más o menos un par de horas. Esperad con paciencia hasta que el proceso esté completo, porque el sabor deriva de que la fermentación se lleve a cabo correctamente. Un brioche sin un buen levado sabe a harina cruda.
Sacamos la masa, la desgasificamos apretando con los puños y amasamos ligeramente. Vais a ver que se maneja bastante bien. Dividimos en 8 porciones del mismo tamaño aproximadamente y formamos bolas. Mis bolas pesaban unos135g cada una. Engrasamos el molde y las colocamos sobre los huecos.


Este horno no es imprescindible para la receta. Mi amiga Daniela quiso hacerlo al ver la foto en mi estado de Whatsapp y utilizó un molde desmontable para bizcochos, de los más normales. Hizo la receta original, con harina de trigo. Puso 7 bolas alrededor y una última en el centro. El resultado, como véis, fue espectacular (más que el mio).


Con esto quiero decir que no os tiene que frenar el hecho de no tener el horno. A mí me encantan los cacharritos, y hay recetas que no se pueden hacer sin ellos, pero en este caso no es imprescindible.
Dejamos que las bolas doblen su volumen, cubiertas con un paño húmedo.


¡Ya casi está! Sólo nos queda pintar las bolas con huevo batido y ponerle nuestra decoración preferida. Yo quise ponerle azúcar perlado, y le dio un toque estupendo.


Ponemos la tapa al molde e introducimos en el horno que habremos precalentado a máxima temperatura. Se hornea en la rejilla, a media altura, con calor arriba y abajo. Si no tenéis el molde cerámico, deberéis precalentar el horno junto con una bandeja con agua en la parte inferior, para que el brioche se hornee con un poco de vapor.
Horneamos unos 25 minutos, tras lo cual apagamos el horno y extraemos ligeramente la rejilla para que el molde asome un poco y se enfríe poco a poco, y no note de forma brusca los cambios de temperatura. Lo mismo si se ha horneado en molde normal.


Abrimos la tapa y esperamos que se temple un poco para desmoldarlo. A continuación, dejamos enfriar sobre una rejilla.





 ¡A disfrutarlo! ¡Os aseguro que es un bocado delicioso!
 

PANETTONE AL CIOCCOLATO GIANDUIA


¡Navidad, Navidad, dulce Navidad...!

La mejor época del año está cerca. Y como todo a repostero que se precie, a mí me encanta preparar cada dulce típico uno y otro año.

Los supermercados se llenan de cientos de productos, muchos de ellos clásicos, pero otros novedosos (y todos ellos con gluten, claro).
Este año, en un día de compra en Ahorramas en el mes de octubre, descubrimos un panettone gianduia. 






Mi hija Almudena se quedó prendada de él, mirándolo con cara de tristeza, sabiendo que no podría probarlo. La gianduia era su sabor favorito de helado en las Heladerías Grom italianas, esas que son 100% sin gluten. Supongo que su mente voló por un instante hacia ese sabor tantas veces disfrutado en verano.
Así que le hice una foto para no olvidarme de que estas Navidades tenía que intentar imitarlo, aún pensando que podría ser imposible. ¿Imposible? Imposible solo es lo que no se intenta.

Así que me puse manos a la obra en la tarea de documentación. Pensé en elaborar mi panettone clásico y luego "inyectarle" la crema gianduia. Pero luego pensé que podría quedar aún mejor incorporando la crema en su interior, como una parte más de la masa. Y fue todo un acierto. 

Para la elaboracion de la crema, no dudé que una de las mejores recetas sería la del maestro Paco Torreblanca. Y tiré de mi libro "La cocina dulce de Paco Torreblanca", ese ejemplar que él mismo me firmó en uno de sus cursos, los que gané en un sorteo de Facebook.

Los maestros expertos en Panettone (en España, por ejemplo, Paco Torreblanca precisamente), sobre todo italianos, hablan de "arte" a la hora de elaborarlo. Creo firmemente que es así. Es un proceso muyyyyy largo, que requiere de mucho cuidado y paciencia. El que traigo hoy lleva su tiempo pero, sin poderse comparar con los de los maestros expertos en el tema, queda muy, muy rico.

Bueno, y sin más dilación, paso a contaros la receta, con la esperanza de que a alguien más pueda servirle. La cara de mi hija al verlo, y sobre todo al probarlo, me demostró que todo el esfuerzo había merecido la pena. Os recomiendo leer bien la receta de principio a fin antes de hacerla, para que os hagáis una idea de las elaboraciones y los tiempos que se necesitan.

INGREDIENTES: 

*Para la crema gianduia:

- 125 g de avellanas tostadas
- 125 g de azúcar glas
- 25g de leche en polvo

- 300g de chocolate con leche para fundir

*Para la masa de arranque:

- 100g de almidón de trigo (o maíz)
- 140g de leche
- 20g de levadura seca para masas dulces (en su defecto de la normal de panadería, pero los tiempos serán más largos)

*Para la masa final (un panettone de 1 Kg aprox, o dos de medio Kg, según los moldes que tengáis en casa)

- 400g de almidón de trigo (etiquetado sin gluten) o maíz
- 180g de azúcar
- 140g de mantequilla fría
- 3 huevos y una yema
- 10g de inulina (o Psyllium)
- 15g de goma xantana
- 10g de levadura química
- 30g de ron (uso un licor de Ron Miel de Mercadona)
- 5g de sal
- 75g de pepitas de chocolate


 ELABORACIÓN:

En primer lugar elaboraremos el prefermento. Mezclamos la leche con la levadura seca y batimos hasta que espume. Cuando esto ocurra, añadimos el almidón y removemos bien hasta que no haya grumos. Tapamos con film transparente (como siempre digo, los gorros de ducha van fenomenal), y dejamos reposar, bien a temperatura ambiente durante unas 5-6h, o bien en nevera durante 12h ( o toda la noche). Al finalizar el tiempo de levado, veremos que hay muchas burbujas en la superficie. Eso es indicativo de que la fermentación se ha producido debidamente.




Es el momento de elaborar la crema gianduia, para tenerla lista a la hora de integrarla en la masa. 
Para ello, lo primero que hay que elaborar es un praliné de avellana. Trituramos las avellanas en un robot de cocina o picadora a máxima velocidad. Cuando estén picadas, removemos a baja velocidad (más o menos vel.3), para que el aceite presente en este fruto seco se libere y se forme una pasta, durante aproximadamente 5 minutos. Añadimos entonces el azúcar glas y la leche en polvo y removemos hasta que esté todo homogéneo. Yo hice el doble de receta, tal y como venía en el libro, porque quería que me sobrase para guardar una parte.





Sacamos del robot de cocina y, sin necesidad de lavar el vaso, ponemos a fundir el chocolate. Hasta hace poco lo hacía siempre al baño maría, pero desde que tengo el robot de Lidl, me encanta hacerlo ahí. Tiene una receta predeterminada para fundir el chocolate. Primero lo pica y luego lo calienta. El resultado es muy bueno,y te olvidas de remover. Hacedlo según aquello de lo que dispongáis en la cocina ;) 
Cuando esté fundido, añadimos 200g de la crema de praliné (os sobrará un poquito, no pasa nada si lo añadís todo, pero yo os cuento la receta tal cual es).
Removemos hasta que esté homogéneo... ¡y lista nuestra crema gianduia! ¡Probadla, ya veréis...!




¡Es el momento de elaborar la masa!

Mezclamos en un bol la harina junto con el Psyllium, la goma xantana y la levadura química. Reservamos.

Comenzamos con nuestra masa de arranque, a la que le añadiremos los tres huevos y la yema.
Añadimos a continuación la mantequilla en dados, y luego el azúcar, la sal y el ron. Por último, añadiremos la harina.

En este punto, será necesario un tiempo de amasado de unos 10 minutos. No tengáis prisa. Si tenéis robot amasador, estupendo. Si no, podéis amasar a mano durante 5 minutos dejando la masa reposar durante media hora, repitiendo el proceso dos veces. Igual que se dice que en las masas con gluten, "el reposo amasa", ocurre lo mismo en las masas sin gluten, puesto que el psyllium y la xantana harán una función parecida. 

La masa al final deberá tener un aspecto suave, liso y elástico. Es un deleite observarla. Cuando veamos que está así, será el momento de añadir la crema gianduia. Aquí llegaba mi gran duda... ¿cuánta crema le ponía? Así que fui probando: primero 100g, luego otros 100...y finalmente decidí que con 300g era suficiente. Tras probarlo me di cuenta de que no me equivocaba. Es la cantidad justa para que tenga un intenso sabor sin perder la consistencia de la masa.





Y vuelta a remover. Como véis, dejé en el bol el gancho amasador porque tenía que seguir batiendo.
Serán necesarios otros 7-10 minutos de amasado después de añadir la crema.





El color que toma la masa es una maravilla, y el olor... ¡mmmm!

Es el momento de terminar de amasar a mano y añadir las pepitas de chocolate. Para ello, ponemos aceite en la superficie donde amasaremos y comenzamos a trabajar la masa.


Espero que perdonéis la mala calidad de las fotos, me las hizo Almudena mientras yo amasaba. Cogemos los extremos de la masa con las dos manos y tiramos hacia arriba.






A continuación, le damos la vuelta en un giro de muñecas y la dejamos caer sobre la parte de masa que reposa en la mesa.








Le damos una vuelta de 90º.




Y repetimos el proceso. En esa foto la estoy sujetando para darle la vuelta, disparó antes de tiempo ;O

















A continuación, extendemos en forma de rectángulo para poder añadir las pepitas de chocolate.





Y las repartimos por toda la superficie.





Doblamos la masa por la mitad.





Y luego hacia el otro lado.




 Y a continuación boleamos la masa.




Boleamos y boleamos hasta que veamos que  las pepitas están bien integradas.

En mi caso, los moldes que tengo son de 1/2 Kg. Así que separé la masa en dos partes y congelé una. La otra, la introduje en el mode, con la parte "fea" hacia abajo.








Tapamos con film transparente y dejamos levar hasta que la masa leve alcanzando 2 veces y media su volumen inicial, o lo que es lo mismo, hasta que llegue al borde.

Aquí vino mi principal complicación. No lo conseguí. Por más que he repasado, no sé dónde está el error. Después de dejarlo varias horas y ver que apenas había subido un poquito, decidí meterlo al horno apagado con una cacerola en la que había hervido 1 litro de agua. Tampoco funcionó. Subió un poquito más, eso sí, pero ni siquiera se acercó al borde. 

Pensé que nos comeríamos el panettone como quedase, y aunque me daba rabia, me decidí a seguir con la receta y hornearlo, aunque no quedase esponjoso. Ya sabéis el precio de las harinas y demás ingredientes que se utilizan para la panificación sin gluten, y no podía tirarlo.
Así que puse el horno a precalentar a máxima temperatura, poniendo en la base una pesa de 5 kg, recomendación de Juan Carlos de El Espíritu del Bosque.
Cuando casi estaba listo, le hice una cruz a la masa en su superficie, no muy profunda.





Y cuando la lucecita se apagó, introduje el mode en la rejilla, en la segunda posición empezando por abajo, y eché medio vaso de agua sobre la pesa cerrando rápidamente la puerta. Bajé enseguida la temperatura a 150ºC, y esperé. Y el milagro se hizo. 

A los pocos minutos, el panettone comenzó a crecer. No un poquito, sino una barbaridad. La greña comenzó a abrirse y de su interior comenzó a emerger la masa. Me daban ganas de llorar. No podía apartarme del horno, era hipnótico ver cómo el panettone subía y subía.




Llegó al borde y siguió subiendo, mientras yo rezaba porque se mantuviese ahí y no volviese a bajar.
Tras 40 minutos a 150ºC, abrí el horno.





Y aunque parecía que estaba listo, al pinchar descubrí que en su interior la masa aún estaba cruda. Volví a introducirlo tapando su superficie con papel de aluminio para que no se dorase en exceso y subí la temperatura a 170ºC.
Fui comprobando la cocción y en total se horneó 15-20 minutos más. 
Comprendí que la baja temperatura fue vital para que la levadura no muriese al principio y le diese tiempo a levar como lo hizo, pero luego necesitó más calor y tiempo para hornearse bien por dentro.

Nada más sacar del horno, hay que atravesar la base con unos palos largos para poder colgarlo boca abajo (los de brocheta o pinchos son ideales). ¡Cuidado al manipular! ¡Utilizad guantes de cocina!

Como nos teníamos que ir a comer a una celebración familiar, tuve que improvisar un lugar donde poderlo enfriar boca abajo en el coche. ¡Y funcionó!




Debe estar boca abajo hasta que esté completamente frío, de lo contrario se bajará al darle la vuelta y no quedará tan esponjoso, una seña de identidad de este dulce.

Cuando se le da la vuelta y se descubre lo que se ha logrado, la satisfacción es total. 

Os animo a que lo hagáis, el sabor es increíble, y la textura, muy similar a la original, ¡ya lo veréis!
Se conserva muy bien en una caja o en una bolsa de plástico. Su modo de elaboración, al ser una masa tan fermentada, hace que se conserve tierno durante más de una semana.





¡Pronto vendré con nuevas recetas, en Navidad tendré algunos días libres y sin duda dedicaré varios a la cocina! ¡Haced este panettone y me contáis!





¡Hasta la próxima!