El jardín de las celicias

El jardín de las celicias
Con todas estas recetas intento que la infancia de mis hijas, especialmente la de Almudena, sea un poquito más feliz.

jueves, 25 de agosto de 2022

PRETZELS

 



Este año nuestras vacaciones han transcurrido en la zona de Baviera, en Alemania. Es un destino realmente precioso, totalmente recomendable sobre todo si os gustan los pueblecitos de cuento. 
Es difícil para un celíaco visitar un lugar así, con todos los escaparates llenos de especialidades regionales dulces y saladas. Tuvimos la suerte de encontrar Pretzels sin gluten en un restaurante en el que comimos porque tenía opciones para celíacos, en la ciudad de Munich. Pero nos supieron a poco.
Así que de vuelta a casa (¡lo importante es volver!) sabía que una de las primeras cosas que saldrían de mi horno iban a ser estos bollitos salados. 
Quise hacer la variedad esponjosa, esa que muchos alemanes y austríacos rellenan con mostaza o mantequilla, o que simplemente acompañan con sus famosas Bratwurst. Quedaron geniales. Por eso quiero compartir con vosotros la receta, y ahora que mi hija se anima a preparar algunas recetas ella sola, tengo una motivación más para seguir adelante, porque me doy cuenta de que el trabajo que hago editando cada receta, con su explicación y sus fotos, servirán en un futuro para que pueda cocinar cosas ricas sin ayuda de nadie.

La receta es de Daniela del blog "The Gluten Free Austrian". Lo descubrí por casualidad hace unos meses, y desde entonces la sigo. Tiene en común conmigo que las dos utilizamos harinas naturales, haciendo nuestras propias mezclas, así que me encantó. Lo único que cambié de esta receta es que suprimí el azúcar de la masa, porque para mi gusto, un pretzel es puramente salado. El cambio de harina de sorgo por la de mijo está dentro de sus recomendaciones.

¡Vamos a hacer unos Pretzels deliciosos!

INGREDIENTES: (para 6 pretzels o 12 mini-pretzels)

- 235g de leche entera
- 4,5g de levadura seca de panadería
- pizca de azúcar 
- 100g de harina de arroz integral
- 65g de harina de sorgo (o mijo, que es la que yo utilicé)
- 55g de almidón de tapioca
- 30g de almidón de maíz
- 4,5 g de goma xantana
- 3g de sal
- 2g de psyllium
- 20g de mantequilla sin sal, derretida

Para el baño de bicarbonato:
- 2 litros de agua
- 70g de bicarbonato de sodio

Para el acabado:
- 1 yema de huevo 
- 1 cucharadita de agua
- Sal en escamas o sal gorda

ELABORACIÓN: 

Lo primero que haremos es activar la levadura. Para ello, templamos la leche en el microondas (recordad que la temperatura no puede superar los 40ºC o la levadura morirá). Añadimos la levadura y la pizca de azúcar y mezclamos. Reservamos hasta que veamos que espuma. En verano serán unos 10 minutos.

Mezclamos las harinas junto con la sal, el psyllium y la xantana. Rerservamos.


Cuando la levadura esté lista, se la añadimos a la mezcla de harinas, junto con la mantequilla derretida. 
Amasamos a baja velocidad con el gancho de amasar, hasta que la masa comience a unirse, y entonces subimos la velocidad a media-alta. Estará lista cuando tenga un aspecto suave.


Enharinamos nuestra mesa con almidón de tapioca. Cortamos la masa en porciones. Si vais a hacer 6 pretzels, serán de unos 90g cada uno. Yo los hice minis, así que hice porciones de 45g.


Tomamos una porción y la estiramos, teniendo cuidado de que el centro sea un poquito más grueso que el resto.


La colocamos en forma de "u".


Cruzamos los extremos uno por encima del otro.


Los volvemos a cruzar de nuevo.



Y por último, unimos los extremos a la zona central del pretzel. ¡Y listo! Ya tenemos formado nuestro bollito. 


Hacemos lo mismo con el resto de porciones de masa. ¡Ya verás, es fácil! No es necesario que queden perfectos. Después con el levado, quedarán aún más bonitos y se corregirán algunos de los defectos.


Dejamos levar los pretzel tapados con film transparente, en el lugar más cálido de la casa. También puedes calentar el horno a 50ºC y después apagarlo, introduciendo la bandeja en la zona central. Es una manera más rápida de conseguir el levado.

Cuando estén listos, preparamos el baño de bicarbonato. Para ello, ponemos a hervir el agua. Ten la precaución de utilizar una cazuela grande, pues al añadir el bicarbonato se forma una espuma que hará que se desborde si no tiene sitio suficiente. Cuando hierva, añadimos el bicarbonato.


Vamos añadiendo los pretzels uno a uno, dejándolos unos 15 segundos por cada lado. 


Dice Daniela que si están en el agua más de 30 segundos, tendrán un sabor metálico poco agradable. Así que a los 15 segundos le damos la vuelta y los sacamos. 

Los colocamos sobre una bandeja de horno forrada con papel sulfurizado que habremos pintado con aceite o mantequilla.


Por último, nos queda el acabado final. Mientras precalentamos en horno a 230ºC, batimos la yema de huevo junto con la cucharadita de agua y pintamos nuestros pretzels. Agregamos la sal gorda sobre ellos y les hacemos una greña en la parte más gordita.


¡Y al horno! Bajamos la temperatura a 220ºC cuando introduzcamos la bandeja. Posición central de horno, calor arriba y abajo.


En breve veréis cómo comienzan a crecer y la greña se va abriendo. La cocina se inunda a un olor totalmente reconocible: el de las calles de Alemania y Austria, ese que hace que salivemos al paso por cada obrador o panadería. Tardarán entre 15 y 17 minutos en hacerse, un poco más si optáis por hacerlos de tamaño grande.


Sacamos del horno y dejamos enfriar sobre la bandeja aproximadamente 5 minutos. 


A continuación, colocamos sobre una rejilla, como siempre.


Ya veréis qué maravilla. Adornarán cualquier almuerzo o merienda, son muy versátiles. En Alemania y Austria es muy común encontrarlos incluso en cualquier supermercado. Ahora tenéis la opción de consumirlos con frecuencia, sin gluten y deliciosos. Prometo subir foto la próxima vez que los haga con la forma más tradicional, más grandes y delgaditos, y no tan esponjosos, también muy ricos.



¿Queréis conocer otras especialidades bávaras, y poder reproducirlas en vuestra propia cocina? ¡Pues permaneced atentos a mis post!


viernes, 15 de julio de 2022

PASTELITOS ESTILO "PANTERA ROSA"

 


Hoy os traigo unos bollitos deliciosos, muy fáciles de hacer en casa y con una mezcla de sabores muy rica. El bizcocho de limón se mezcla con un interior jugoso de crema de vainilla y una cobertura de chocolate ruby crujiente. ¡Los niños se vuelven locos al ver su aspecto, y cuando los prueban solo quieren repetir!
La receta es una adaptación del blog de MyKaramelli, y me gusta mucho cómo queda. ¡No dejéis de probarlos, aunque sea ya en octubre, que ahora no apetece encender el horno! A no ser que seáis unos adictos a la repostería como yo...
Tenía muchas ganas de que mis hijas probasen este pastelito tan icónico. En su versión casera es mucho más saludable que la original, y encima sin gluten. ¡Perfectos para un desayuno o merienda!

INGREDIENTES:  (para 9 tronquitos)

Para el bizcocho: 

- 65g de azúcar
- Ralladura de medio limón
- 2 huevos tamaño M
- Una pizca de sal
- 20 ml de leche
- 10 ml de aceite de girasol
- 1 cucharadita de zumo de limón
- 1/2 cucharadita de extracto de vainilla o 1/2 vaina de vainilla
- 40g de harina de arroz
- 15g de almidón de maíz
- 1/4 de cucharadita de psyllium
- Puntita de cuchara de goma xantana
- 1/4 de cucharadita de levadura química

Para el relleno:

- 40g de azúcar glas
- 75g de queso cremoso, tipo Philadelphia o mascarpone
- 1/4 de cucharadita de extracto de vainilla o 1/2 vaina de vainilla
- 80 ml de nata líquida para montar, muy fría

Para la cobertura: 

- 250g de chocolate Ruby o bien chocolate blanco y tinte rojo o rosa
- 1 cucharada de aceite de coco


ELABORACIÓN

Comenzamos preparando los bizcochos. Yo utilicé un molde de Silikomart que justamente tiene esa forma, pero podéis utilizar cualquiera de los que tengáis en casa. Quizá uno de magdalenas, o uno de bizcocho, realizando luego cortes de manera que tomen forma rectangular.


Precalentamos el horno a 200ºC, calor arriba y abajo.

Mezclaremos las harinas junto con la goma xantana, psyllium, y levadura. Reservamos.
Tomamos la mitad del azúcar y la mezclamos con la ralladura de limón, para aromatizarla. Reservamos también.

Separamos las claras de las yemas. Ponemos las claras junto con la sal en un bol y comenzamos a batir con unas varillas. Cuando tengan un aspecto firme, añadimos la otra mitad del azúcar y continuamos montando hasta que lleguen al punto de nieve. Reservamos.




En otro bol, batimos las claras junto con el azúcar aromatizada hasta que blanqueen.  Añadimos entonces la leche, el aceite, el zumo de limon y las semillas de la media vaina de vainilla o bien el extracto. Batimos hasta que se mezclen por completo.

Añadimos poco a poco la mezcla de harinas y batimos a velocidad baja.

Por último, incorporamos las claras en 3 veces, con ayuda de una espátula y movimientos envolventes.







Engrasamos nuestro molde y rellenamos las cavidades un poco más de la mitad. Esta receta tiene las proporciones justas para el molde que os enseñaba más arriba. 


Introducimos en la rejilla central del horno precalentado y bajamos la temperatura a 170ºC. Enseguida veremos cómo comienzan a subir, hasta doblar su tamaño.



Estarán listos en unos 15-17 minutos, dependiendo del horno. Podéis comprobar su cocción como siempre, pinchando su interior con un palillo. 
Veréis que al sacarlos del horno disminuyen levemente su tamaño. Es algo normal.

Dejamos enfriar 5 minutos en el molde para que no se rompan, y a continuación los pondremos sobre una rejilla para que se enfríen por completo.






Mientras se enfrían vamos preparando el relleno.
Batimos el queso crema hasta que quede suave y sin grumos. Incorporamos el extracto de vainilla o las semillas de la media vaina y el azúcar glas, poco a poco.

Por último, vamos añadiendo la nata líquida mientras batimos con el accesorio de varillas, hasta que todo esté bien montado. Para conseguirlo es imprescindible que la nata esté muy, muy fría. Es algo difícil con esta ola de calor, pues en cuanto la nata sale del frigorífico, pierde todo su frescor.

Cuando estén fríos, cortamos nuestros pastelitos para quitarles el "copete" y que tengan la forma típica del original.





¡No tiréis los recortes! Están deliciosos acompañando a un café.

Rellenamos nuestros pastelitos con una manga pastelera con boquilla para rellenar. Yo tengo una que es muy larga, por lo que solo tuve que hacer el agujerito por un lado de los bollitos. Si vuestra boquilla es cortita, utilizadla por los dos extremos para que todo el tronquito tenga relleno.



Finalmente solo queda recubrir con la cobertura.
Yo utilicé el chocolate ruby, que es un chocolate cuya forma y tiempo de procesamiento hace que tenga, de manera natural y sin colorantes, un color rosado. Su sabor nos gusta mucho en casa, y me pareció el ideal. La receta original utiliza chocolate blanco teñido, o bien los típicos "candy melts".

Simplemente tenemos que poner el chocolate a fundir con el aceite de coco (puede ser de girasol también).





Tiene que quedar fluido para que el baño quede fino y bonito.

Vertemos el chocolate sobre los pastelitos mientras están sobre la rejilla y dejamos enfriar.



Yo puse debajo un papel de horno para recoger el chocolate, por si tenía que cubrir de nuevo alguno de los bollitos. 

¡Y listos! En este tiempo hay que meter los bollitos a enfriar al frigorífico, o el chocolate no endurecerá ni en 24h. Así lo hice yo. Tened en cuenta que si lo hacéis así, habrá que atemperar el chocolate para que los cambios de temperatura no le hagan perder brillo o perder su apariencia uniforme y aparecer moteado. Atemperar el chocolate consiste en fundirlo y enfriarlo controlando la temperatura. En el caso del chocolate blanco, habrá que fundirlo hasta los 35ºC para luego enfriarlo hasta los 28-29ºC y utilizarlo en ese punto. Para ello necesitaremos una espátula y una superficie fría, como el mármol o el granito. No es imprescindible ni alterará su sabor si no lo atemperamos, pero es muy recomendable.

Espero que os animéis a hacer estos bizcochitos tan apetecibles. Solo su aspecto ya incita a comerlos de una vez. ¿O me lo vais a negar?





jueves, 30 de junio de 2022

CHOCOLATE CHIPS COOKIES

 


Revisando las entradas del blog, me di cuenta de que no tenía subida la receta de las clásicas cookies americanas con chips de chocolate. Una receta tan sencilla como adictiva. Una perdición. Y pensé que no podía pasar ni un día más sin que estuviese presente. Así que allá va.

La receta es de mi libro maravilloso "Gluten-free baking for the holidays", del que tanto os he hablado.
Es un libro que recoge las recetas navideñas más famosas de varios países del mundo, y lo cierto es que no falla ninguna. Con ese libro he conseguido las galletas de jengibre más bonitas, las spekulaas holandesas más deliciosas... todas ellas en la cocina de mi casa y con muy poquito esfuerzo.
La autora utiliza un mix que ella misma ha creado, y me parece de lo más acertado. Es una mezcla de almidones que asemejan mucho su sabor y su textura al trigo, al menos en cuanto a galletas se refiere.

INGREDIENTES: (para unas 4 docenas de galletas)

- 280g del mix, compuesto por: 
  • 205g de harina de arroz blanco
  • 170g de harina de arroz integral
  • 165g de harina de arroz glutinoso               } os sobrará mix.
  • 120g de almidón de tapioca
  • 2 cucharaditas de goma xantana
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de sal
- 225g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 215g de azúcar moreno
- 100g de azúcar blanco
- 2 huevos tamaño XL, a temperatura ambiente
- 2 cucharaditas de extracto de vainilla, o las semillas de una vaina de vainilla
- 680g (¡sí, lo has leído bien!) de chips de chocolate

ELABORACIÓN: 

Comenzamos mezclando el mix de harinas con el bicarbonato y la sal. Reservamos.
Batimos la mantequilla junto con el azúcar en un bol, hasta que la mezcla sea homogénea.



A continuación, vamos añadiendo los huevos uno a uno. No añadimos el segundo hasta que el primero no esté bien integrado en la masa. Es el momento de añadir las semillas de la vaina de vainilla o bien el extracto.
Por último, agregamos la mezcla de harinas y batimos hasta que veamos que la mezcla es uniforme.



Finalmente, agregamos los chips de chocolate. Nosotras hicimos la mitad de chips, un cuarto de Lacasitos y otro cuarto de pistachos. Podéis añadir el ingrediente que deseéis.


A estas alturas la masa tiene ya un olor y una textura espectaculares. Es difícil contenerse y no comérsela a cucharadas.

Forramos dos bandejas de horno con papel sulfurizado. Precalentamos el horno a 200ºC, calor arriba y abajo.

Con ayuda de una cuchara de postre, comenzamos a hacer montoncitos de masa, lo más uniformes posible. Hay recetas que ponen más chips sobre las galletas previo al horneado. No es el caso de esta receta. ¡Creo que ya sería demasiado! Y estéticamente, quedan igual de bonitas.


Ahí tenía yo a mi ayudante, haciendo los montoncitos de masa para luego hornearlos.



Para que os hagáis una idea, os diré que en cada bandeja yo horneo 12 galletas. De este modo me aseguro de que no se juntarán en el horno.

Introducimos la bandeja en el horno, en la posición central, y bajamos la temperatura a 180ºC. Estarán listas en unos 14-16 minutos, dependiendo del tamaño y de vuestro horno.


Cuando estén ligeramente doradas, sacamos del horno. Como ocurre con todas las galletas, debemos dejarlas enfriar unos minutos sobre la bandeja, antes de pasarlas a una rejilla, o de lo contrario es posible que se rompan. Al principio son frágiles, y adquieren su consistencia típica a medida que se van enfriando. Pasados unos 5 minutos, pasamos a una rejilla con mucho cuidado. Vamos colocando montoncitos de masa en las bandejas, horneando, enfriando... hasta que se acabe toda la masa. Parece que 4 docenas de galletas son muchas, pero os aseguro que si hacéis solo la mitad, ¡terminaréis arrepintiéndoos!


¡Y a disfrutar! Os puedo asegurar con pleno convencimiento de que no encontraréis en el súper unas cookies sin gluten mejores que las caseras. ¡Aprovechad, antes de que el calor adquiera la intensidad típica veraniega! Para vosotros, para regalar, para el desayuno, el café o la merienda.... ¡siempre serán un acierto!

Se conservan fenomenal en una caja de lata, durante al menos dos semanas. ¡Pero no duran ni una, ya lo veréis!





jueves, 2 de junio de 2022

BIZCOCHO DE MIEL, CANELA Y POLEN

 


La receta de hoy es un bizcocho con un interior esponjosísimo y un delicioso sabor a miel.
De vuelta de Cangas del Narcea, de la V edición de “Cangas Sin Gluten”, en la que tuve el honor de participar, no podía faltar, como cada año, la miel del Tío Ángel.
A los que nos gusta la miel y disfrutamos de su consumo, tomar miel natural nos parece un lujo. En las grandes ciudades es muy difícil conseguir algo así. Y la miel de la que os hablo es una miel oscura, con un sabor intenso y un olor que deleita a cualquiera. Nadie podría negar su composición 100% natural. 
Además he querido añadirle polen de abeja, un compuesto muy vitamínico, y de la misma manera, totalmente natural. Y sin gluten por naturaleza. También lo traje de allí, de Cangas. Si nunca lo habéis probado os invito a que lo hagáis. Tiene un sabor muy diferente a cualquier otra cosa que podáis probar, aunque recuerda mucho a la miel. Va fenomenal en yogures, bizcochos, galletas, batidos de frutas… Y también en platos como ensaladas, granolas, en tostadas, macedonias y un sinfín de platos más.
El resultado que se obtiene con la miel, la canela y el polen tenéis que probarlo. Y si es con una miel de calidad, el bizcocho ganará aún más.

INGREDIENTES

- 250g de mantequilla en pomada, esto es, a temperatura ambiente
- 150g de azúcar de caña, o mejor aún, panela
- 100g de azúcar blanquilla
- 200g de harina de arroz
- 100g de almidón de maíz
- 1 cucharada de psyllium
- 1 puntita de cuchara de goma xantana
- 1 cucharadita de levadura
- 4 cucharaditas de canela molida
- 65g de miel, y un poco más para rociar el bizcocho
- 3 huevos grandes
- 1 pizca de sal
- 120 ml de leche
- 1 cucharada de extracto de vainilla o, mejor aún, media vaina de vainilla
- Unas cucharadas de polen natural de abeja, al gusto.

ELABORACIÓN

Precalentamos el horno a 200ºC, calor arriba y abajo.
Tamizamos las harinas y las mezclamos con el Psyllium, xantana, canela, sal y levadura. Reservamos.
Batimos la mantequilla junto con los dos tipos de azúcar. Añadimos los huevos uno a uno, como siempre, esperando a que se integre el anterior antes de añadir el siguiente.
Agregamos la miel y la vainilla.
Añadimos la leche poco a poco. Si está muy fría, observaréis que la mezcla “se corta”. No pasa nada. Es simplemente por el cambio de temperatura.  Al añadir la harina, que es el siguiente paso, la textura volverá a ser perfecta.


Es una masa que huele fenomenal y sabe aún mejor. Solo falta ponerla en nuestro molde bien engrasado.



El que utilicé es un molde doble, de una capacidad de 10 cups (medida americana de la marca de moldes que suelo utilizar). Es la medida justa para esta masa.
Introducimos en el horno en la rejilla central y bajamos la temperatura a 180ºC.
Tardará en hacerse unos 45 minutos, dependiendo del horno y del molde. Ya sabéis, pinchad la zona más central del bizcocho para comprobar su cocción. Debe salir limpio. Si veis que se dora en exceso por arriba, cubrid con papel de aluminio. Pero nunca abráis el horno hasta que no haya pasado, como mínimo, media hora desde el inicio de la cocción.

Sacamos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla.
Cuando esté frío, rociamos con miel a nuestro gusto y añadimos unas cucharadas de polen por encima.´

En casa nos encantan los bizcochos con miel. Ya sea con canela, con limón, con naranja… La miel siempre da un dulzor y un sabor muy peculiares.

¿Vais a dejar pasar la oportunidad de probarlo?